Hay momentos que no necesitan ruido. Solo dos personas, una habitación con vistas y el tiempo suficiente para detenerse y volver a mirar(se).
VIVOOD es ese lugar donde el invierno no pesa, sino que abraza. Donde la estación más introspectiva del año se transforma en el escenario perfecto para reconectar con lo esencial: el descanso, el silencio, la intimidad. Porque cuando el ritmo se ralentiza, lo verdaderamente importante emerge. Y en pareja, esos momentos se vuelven aún más valiosos.
Una escapada romántica en invierno no es solo una idea bonita. Es un acto de cuidado mutuo. Un paréntesis entre rutinas para redescubrir el placer de estar juntos. Y VIVOOD, ese hotel con encanto en Alicante, es mucho más que un alojamiento: es una experiencia sensorial y emocional que transforma.
Os proponemos un itinerario de 48 horas, pensado para dejar atrás el ruido, la prisa y lo superficial. Un viaje donde el nuevo lujo es poder parar.
Tus primeras horas en VIVOOD: llegada, desconexión y cena con vistas
El placer comienza nada más cerráis la puerta del coche. La tarde cae lentamente cuando llegáis al valle de Guadalest. El paisaje cambia. Se vuelve más abierto, más limpio, más sereno. Una paleta de verdes, grises y azules se despliega frente a vosotros, como una bienvenida silenciosa. Una vistas sin edificios. Bajáis la ventana y no hay ruidos, no hay tráfico. Vuestros sentidos disfrutan de un bosque mediterráneo, con sus olores, con sus tonos invernales.
El entorno de VIVOOD os recibe con una cálida bienvenida, una experiencia inmersiva desde el momento que sales del coche. La arquitectura está integrada, como si el hotel siempre hubiera estado ahí, abrazado por la montaña. El paisaje manda. Y eso se siente desde el primer paso.
Un miembro del equipo os acompaña a vuestra Villa Premium. Nada de pasillos impersonales. Aquí cada estancia es independiente, cada acceso está pensado para preservar la intimidad. Entráis, dejáis las maletas, y os invade una sensación inmediata de recogimiento.
La villa es cálida, con detalles que te hacen sentir un confort exclusivo, íntimo, elegante. Piscina privada climatizada, ventanales infinitos, materiales nobles. Todo transmite calma, confort, y una belleza contenida que no busca impresionar, sino haceros sentir en casa. Encendéis una vela. Servís una copa de vino. Dejáis el móvil en la Caja de Conexión. El silencio se instala. No sabéis si es viernes o martes. Solo sabéis que estáis aquí.
El primer atardecer os sorprende ya descalzos, envueltos en la luz naranja que se filtra por la ventana. En otras circunstancias habríais hecho una foto. Hoy no. Solo lo vivís el momento.
Por la noche, os espera una cena en Panorámico. Uno de los espacios gastronómicos del hotel, con preciosas vistas al Valle de Guadalest. Optáis por el menú degustación. La luz es tenue, la conversación fluye. No habláis de trabajo. No habláis del lunes. Solo estáis ahí, frente a frente, presentes. Es el tipo de cena que no necesita adornos ni espectáculos. La atmósfera la creáis vosotros. Al volver, el cielo está despejado y disfrutas de un paseo entre las estrellas de camino a vuestra villa.
Al día siguiente: desayuno, naturaleza y cena íntima
Amanecéis sin despertador. Solo la luz suave del amanecer, filtrándose por las cortinas, os dice que el día ha empezado. Pero aquí, el tiempo no apremia.
Decidís empezar con un desayuno íntimo servido en la habitación. Una tabla de madera con fruta fresca, pan artesanal, zumos naturales, bollería recién hecha. Todo servido con mimo, sin prisas, con ese cuidado que convierte lo cotidiano en algo especial. Disfrutáis de un despertar con mucha calma, un baño en vuestra piscina climatizada frente a la montaña y un desayuno flotante. Estar en el agua caliente mientras saboreáis el primer café del día, rodeados de naturaleza, es una sensación difícil de describir. Solo se puede vivir.
Después salís a caminar por los senderos privados del hotel y por los alrededores. El entorno de VIVOOD está lleno de rincones ocultos y terrazas panorámicas donde detenerse. Paseáis sin objetivo, sin más intención que seguir el ritmo lento del lugar y disfrutar del Valle de Guadalest. La arquitectura del hotel os acompaña sin interrumpir. Cada edificio está pensado para desaparecer, para dar protagonismo al paisaje. Todo está diseñado para calmar.
Al mediodía, coméis en otro de los espacios gastronómicos del hotel: ConTemple. Elegante, sutil, con vistas al castillo de Guadalest. La propuesta culinaria mediterránea está basada en producto local, donde cada plato tiene intención y cada bocado, historia.
Al regresar a la villa, tenéis un momento para vosotros: una siesta sin reloj, una conversación tranquila, un rato en la piscina privada o una película con el proyector de la habitación. Luego os preparáis para una de las experiencias más sensoriales del fin de semana.
Os dirigís a la zona de bienestar de VIVOOD, un espacio inmerso en la naturaleza, que propone un recorrido con diferentes experiencias. En esta ocasión optáis por algo muy íntimo: El Ritual del Chocolate. Un baño de hidromasaje aromático, envoltura de chocolate y masaje cráneo-facial y corporal con aceite de cacao para disfrutar los dos juntos durante más de una hora.
Volvéis a la villa envueltos en esa sensación de ligereza que solo llega cuando el cuerpo está en paz. Por la noche, una cena íntima servida en la habitación. La luz es cálida. Las voces suaves. La comida, deliciosa. Podría no haber nada en la mesa, y aún así sería perfecto. Porque lo importante es que estáis ahí, sin más.
Tus últimos momentos: spa, despedida y paseo por Guadalest
Amanecéis con la sensación de haber dormido más profundamente de lo habitual. El cuerpo está relajado, la mente, ligera.
Hoy, el día comienza con un desayuno en Panorámico. Repetís café, habláis sin mirar el móvil, leéis sin prisa. El personal os saluda por vuestro nombre. Hay algo íntimo en esa familiaridad.
Para daros un último regalo, disfrutar del Spa 5 Elementos. Un recorrido holístico por los cinco elementos de la medicina ayurvédica con un circuito completo: sauna, hammam, túnel de contrastes, flotarium y piscina interior climatizada. La experiencia es profundamente inmersiva. No hay música, ni luz artificial intensa. Solo agua, piedra, vapor y calma. El cuerpo flota, se abandona, se regenera. No habláis mucho. No hace falta. La conexión es total.
Os regaláis ese último momento de cuidado y escucha interior. El agua os envuelve, el vapor os limpia, el silencio os calma.
Relajados, aún os queda un último plan: visitar el pueblo de Guadalest. Pequeño, pintoresco, con vistas que cortan la respiración. Paseáis por sus calles empedradas, visitáis una galería de arte, os asomáis a las increíbles vistas del Castillo de Guadalest, compráis cerámica hecha a mano. Y os despedís del valle sabiendo que, de algún modo, os lo lleváis con vosotros.
Hacéis la maleta en silencio. No por tristeza, sino porque estáis en paz. Es ese silencio pleno que llega cuando el tiempo ha estado bien vivido. Os vais con la piel más suave, la mirada más serena, y una complicidad renovada. Lo que os lleváis no cabe en la maleta.
48 horas pueden serlo todo
VIVOOD Landscape Hotel no es un hotel al uso. Es un hotel paisaje con Llave Michelin. En un entorno que no solo se contempla, se siente. En un espacio que no os distrae, sino que os invita a conectar.
Es una declaración de principios. Un espacio para quienes valoran la sostenibilidad, el diseño, la gastronomía honesta y el bienestar profundo. Un lugar donde la intimidad y el silencio son parte del servicio.
Si buscáis hoteles con encanto en Alicante, si deseáis vivir una escapada romántica que os reconecte, si queréis descubrir planes para hacer en pareja que vayan más allá de lo evidente, VIVOOD os espera.
Esta escapada no es una huida. Es un regreso.




